Ecos del silencio
Pocas cosas hay que más impresión causen a una persona que el colosal silencio existente cuando entra en la Catedral del Vaticano o la de Milán. Un silencio respetuoso solo roto por los flashes de los móviles con su característico sonido y alguna que otra risa de algún turista despistado. Hay otros lugares así, como el Stonehenge, la mezquita de Córdoba o la biblioteca de Viena, por decir algún sitio que haya visitado. Aquí el silencio es algo no sólo respetuoso sino necesario para percibir la grandeza del lugar. Hay, sin embargo, templos que no están hechos para el silencio, estadios de fútbol, pabellones de baloncesto o pistas de tenis. Todos ellos, eventos deportivos, que han perdido mucho con esta maldita pandemia que azota el planeta. Más allá del dinero que se ha perdido, que parece lo único que importa, el deporte de masas ha perdido su identidad característica, aquella que la diferenciaba del resto de la oferta de entretenimiento que nos llega hoy en forma de platafo...